El tiempo pasaba, y Claudia no se recuperaba, por lo que Adrián había optado por llamar al padre de esta. Después del principal momento de pánico, la habían llevado al hospital, y a continuación a la U.C.I. .
Los dos estaban preocupados, la niña no daba señales de vida y su respiración era cada vez más débil y entrecortada. De repente, la máquina a la que estaba conectada empezó a pitar y la sala se llenó de médicos y enfermeras haciendo pruebas de todo tipo.
-¿Qué pasa? Chilló asustado Adrián, al ver que la situación se le iba de las manos.
-Váyanse, por favor. Dijo con cariño una joven enfermera, colocando su mano sobre el hombro del asustado muchacho.
-¡No, no, no! Chilló escandalizado el niño, no podía acabar así, aun no... antes debía,... tenía que decirle...
-¡Ahh!- Se escuchó un alarido proveniente de una de las aprendices de enfermera, no aparentaba más de veinte y tres años y se notaba que carecía de experiencia. -¡Ahh!- repitió aun más escandalizada si fuera posible - ¿qué es esto?
Todos giraron la cabeza al mismo tiempo, y, asombrados, comprendieron la estupefacción de la aprendiz. Allí, en una esquina, estaba el verdadero motivo de la discusión, allí, apartada del mundo, estaba una chica con los ojos abiertos como platos, unos ojos llenos de, de,... impregnados de cicatrices, como si millones de cuchillas hubiesen colisionado contra su iris, ahora, apenas visible, pues la retina era mucho más grande, negra como el azabache y misteriosa como el Universo, sin un ángulo definido, era una mirada aterradora. Adrián nunca había visto a un ángel, pero, estaba seguro, que, si lo viera, tendría una cara más o menos así.
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Bueno, aun no llevo nada más escrito, no sé si por ahora voy bien o si los capítulos son muy pequeños.
Por favor, ¡comentad!
P.D. ¡¡¡Gracias por leer!!!
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