Este capítulo se subdividirá en varios segmentos, pues aun no lo tengo acabado y no quiero tardar mucho subiendo la historia.
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La puerta se abrió, ya habían pasado tres semanas desde la llegada de su tía, y Claudia se encontraba
aburrida y cansada, ensimismada en sus pensamientos, de repente, una musculosa figura apareció por la puera, tenía ojeras y arrugas de preocupación, delatando que no había dormido mucho.
-¡Papá! ¿Qué quieres? Gritó sorprendida Claudia, colgándose del cuello de su padre.
-Ah... Claudia... -al padre le costaba hablar, con una respiración muy pronunciada, intentó continuar- Yo... me, tengo que... ir...
-¿Tan pronto? Se extrañó su hija.
-Ya sabes, la operación, los médicos. Su padre estaba agotado, la lengua se le secaba, la garganta no tenía saliva y los labios se le pegaban, no quería preocupar a su hija, de la cual su enfaddo iba en aumento.
-¿No? ¡No! ¡Noo! -Claudia lloraba y le golpeaba en el pecho, sus preciosos ojos azules eran un mar a punto de estallar- ¡Yo te cuidaré! ¡Dime qué te pasa! De un portazo se fue corriendo ante la atónita y comprensiva mirada de su padre.
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Bueno espero que estás pocas líneas los animen a seguir leyendo, ahora que se acabaron las vacaciones tendré menos tiempo para colgar, pero más para hablar con mis ayudantes... ;)
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