Un día normal
Ya estaba harta. Habían pasado dos semanas desde el inquietante accidente y su padre, se esforzaba en tratarla como el primer día. "No fumes, no bebas, no tomes demasiadas grasas saturadas, no salgas con chicos,..." Le decía con una bolsa de la merienda donde llevaba: un yogurt, un bocata, una manzana, un zumo, pastillas y una nota firmada donde excusaría a Claudia en caso de malestar.
Antes de llegar al descansillo, su tía le daba una pequeña cartera, que, además de dinero, contenía chicles, pintalabios y las galletas favoritas de la chica.
Con un beso en la frente y bien abrigada, salía nuestra protagonista a la calle, donde le esperaba Jhon, el simpático y cerrado guardaespaldas que su padre había contratado.
Así era todas las malditas mañanas, después de prometer a Jhon portarse bien y recibir dos chuches de parte de su hermano, de las que solo se comía una (la otra era para Jhon por hacer la vista gorda...) llegaba, o más bien aparcaba (el fornido guardaespaldas la llevaba en coche) y cogía el autobús camino a seis largas horas de instituto.
**********
El capítulo se divide aquí, por eso aprovecho para cortar y disculparme por no colgar nada durante tanto tiempo, los exámenes me han tenido muy ocupada y he estado disfrutando de las vacaciones. Pero hoy, como tenía un hueco libre, y ante las intenciones de mis maestras Carmela y Avelina (alá, ya sois famosas :D) he decidido seguir colgando.
Escribiendo coy ahora al capítulo ocho, y aquí aun por la mitad, así que no me entretengo y dentro de nada, le saco las fotos a los dibujos de mi amiga Mireia y así entenderéis la historia un poco mejor.
Antes de llegar al descansillo, su tía le daba una pequeña cartera, que, además de dinero, contenía chicles, pintalabios y las galletas favoritas de la chica.
Con un beso en la frente y bien abrigada, salía nuestra protagonista a la calle, donde le esperaba Jhon, el simpático y cerrado guardaespaldas que su padre había contratado.
Así era todas las malditas mañanas, después de prometer a Jhon portarse bien y recibir dos chuches de parte de su hermano, de las que solo se comía una (la otra era para Jhon por hacer la vista gorda...) llegaba, o más bien aparcaba (el fornido guardaespaldas la llevaba en coche) y cogía el autobús camino a seis largas horas de instituto.
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El capítulo se divide aquí, por eso aprovecho para cortar y disculparme por no colgar nada durante tanto tiempo, los exámenes me han tenido muy ocupada y he estado disfrutando de las vacaciones. Pero hoy, como tenía un hueco libre, y ante las intenciones de mis maestras Carmela y Avelina (alá, ya sois famosas :D) he decidido seguir colgando.
Escribiendo coy ahora al capítulo ocho, y aquí aun por la mitad, así que no me entretengo y dentro de nada, le saco las fotos a los dibujos de mi amiga Mireia y así entenderéis la historia un poco mejor.
Besos.
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